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Coro Femenino de Cámara PUCV-2008

“con fe y sin vacilar en nada” (St 1,6).

El Arte en una Universidad Pontificia

 
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Lo sacro en la Universidad

 

Nos acercamos a los 100 años de existencia, y durante este tiempo, nuestra Universidad ha ido desarrollando paulatinamente cada una de sus áreas y disciplinas de estudio, consolidando una presencia nacional e internacional que se ha visto plena de oportunidades académicas para desarrollar proyectos de largo aliento y que contribuyan desde sus distintas especialidades, a la vida en armonía de la sociedad.

 

El carácter de nuestra Universidad, como Universidad Católica, nos invita a mirar desde esta perspectiva nuestra acción comunitaria. Y, consecuentemente con ello lo vemos reafirmado en palabra de nuestro Obispo y Gran Canciller Monseñor Gonzalo Duarte García de Cortazar, en el mensaje a los alumnos contenido en la Agenda del año 2002,: allí podíamos leer a partir de su segundo párrafo, “Forman ustedes parte de la Universidad Católica de Valparaíso, Casa de Estudios de la Iglesia cuya finalidad es hacer presente y vivo el Evangelio de Jesucristo en el mundo de la educación superior y de la cultura, a fin de contribuir en la construcción de un mundo más noble, más justo, más hermoso y alegre para todos. Así podremos vivir en plenitud nuestra vocación de hombres y mujeres y de hijos e hijas de Dios”.

 

Estas breves y significativas palabras, nos colocan en movimiento para enfrentar por una parte, los desafíos de la vida a partir de nuestra naturaleza cristiana sumando además, el importante aporte que cada uno puede y debe hacer, desde su propia especialidad disciplinaria al bienestar de la sociedad. Todo ello, con la intensión de llevar a cabo un proyecto de vida más noble y justa, y en  sintonía con nuestra existencia.

 

El sentido en la multiplicidad de sus dimensiones, es también un signo que permite establecer coordenadas en donde nos ubicamos  para la comprensión de fenómenos propios del arte a través de los tiempos.

 

Por otra parte, la observación de la dimensión del espacio a través de la tierra y su acto de elevación, son hechos profundamente poéticos que se vinculan con la génesis de la música y su sentido de sonidos cargados de intensiones, de frecuencias que nos elevan humanamente a sonreír, y alturas puras que nos permiten ver la manifestación más fuerte de la vinculación que  el arte tiene con lo eterno de la eternidad, y  así, nadie podría desconocer el carácter que el arte posee para la cercanía al pensamiento cristiano.

 

Pues, si consideramos el sentido que este pensamiento tiene derivado del arte y, por otra parte, nuestro lenguaje de arte sacro, como resultado de un “punto de encuentro” (abstracto e infusionable), con cada disciplina artística y desde sus imágenes visuales o auditivas, podremos deducir, que estas vierten autónomamente su propia ecuación entre naturaleza, hombre y objeto, conforme con su campo de interacción múltiple en un espacio de escena común.

 

Al respecto, no sólo se requiere decir que el lenguaje de la escena surge de la interacción de las artes, sino que además, de la calidad poética de su encrucijada. Dicha calidad poética reside en la POESIA DE LO SACRO.

Pero ésta, no es necesariamente expresada en la escritura, sino en una poesía dramatizada que surge espontáneamente de la palabra justa. Entendiendo que dicho flujo del lenguaje, brota de la expresión interior de las Artes, pero su escritura exterior no tiene carácter doméstico de una confesión, sino, que una continua alusión a su fondo, a su relevancia dramática, a la imagen cierta y reveladora de Dios.

 

De hecho, en el espíritu de lo que se quiere elaborar se propone un replanteamiento no sólo de la manera de ver del mundo desde la actualidad, también se considera el hombre metafísicamente, es decir a aquél hombre que viaja en todos los tiempos.

Y en este viajar, pienso que con el re- descubrir el sentido de los ancestrales Ikonos enclavados en los orígenes de la Cristiandad, y posteriormente esparcidos por toda la humanidad, comenzamos a descubrir también esa dimensión del amor, que se nos comienza a revelar. 

 

Lo importante es entonces, como una experiencia profundamente religiosa, que tiene que ver con esa propia sabiduría de los Ikonos en donde todo está orientado a expresar un conocimiento divino a través de las medidas, los colores, la técnica e incluso los materiales,  se construye un nuevo mundo de emociones, en donde se revela sin duda en su máximo esplendor.

 

La luz de fuerza espiritual, fuera de todo tiempo que se transmite precisamente en la presencia de esas  imágenes en movimiento de Santos, Mártires, de Cristo y de la Madre de Dios, que son la  obra revelada de la gran encrucijada de un Siglo. Este arte sagrado es el medio para ponernos en contacto directo con estas experiencias  plenas de espiritualidad y sus acontecimientos divinos, con sus energías, sus beatitudes y gracias. Es la posibilidad de alcanzar un modelo de pureza que se encuentra atrapado en los confines de los tiempos.

 

No podemos continuar sin espacios en la Universidad que nos permitan a los artistas acercarnos seriamente a este  viajar por el estudio interdisciplinario de las relaciones existentes entre las manifestaciones religiosas cristianas y su representación. Me refiero al encuentro de la sacralidad.

 

Programas de estudio y reflexión, como los que ya hay en universidades Pontificias nacionales y extranjeras, hacen que debamos estar atentos y alertas para promover la existencia de la opinión del arte de nuestra universidad en torno a temas de esta índole. Centros que promuevan la convergencia del pensamiento interdisciplinario artístico y sacro apuntan a ello.

 

Programas de estudio de carácter formal, deben así surgir de manera natural desde  el movimiento de las reflexiones y del pensamiento que se materializa en el acto académico de la formulación de estos encuentros y dichos programas….

 

A veces miro a mi alrededor y siento que hecho de menos una Universidad, que dentro de su sana pluralidad, incentive de manera más universal, el cultivo de la tradición de los ritos, espacios, silencios, palabras y sonidos que aporten a nuestro  conocimiento la comprensión de  las relaciones re-leídas entre Dios, hombre, sociedad y Arte, y desde allí, lo necesario para “contribuir en la construcción de un mundo más noble, más justo, más hermoso y alegre para todos. Así podremos vivir en plenitud nuestra vocación de hombres y mujeres y de hijos e hijas de Dios”.