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Mensaje desde Alemania para los Ikonos de "Los Misterios del Rosario"

Vigilia de Nuestra Señora del Carmen, 2008

Mensaje del Padre Joaquín Alliende Luco para los asistentes a la Catedral

 

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Para el concierto en la catedral de Santiago

Vigilia de Nuestra  Señora del Carmen, 2008

 

Elliot lanzó una pregunta insoslayable. “¿Para qué puede servir un camino, si no conduce a una catedral?” En la vigilia de la fiesta del Carmen, cuando aún la llamarada de profanación nos sigue hiriendo el alma, nuestros caminos diversos hoy fueron útiles: nos trajeron a una misma catedral.

 

Boris y sus amigos músicos subieron desde el mar, donde la voz y el instrumento recogen las resonancias de la matriz oceánica de la tierra y de la historia. Vienen a cantar la belleza intrínseca de los indecibles misterios del amor entre Cristo y María. Lo que ellos dos vivieron es lo único definitivo de todos los tiempos. Lo humano entero, lo noble y lo horrible, el gozo, la lágrima y la victoria de la vida, están tejidos en los misterios del Rosario.

 

Antes, otros espacios escucharon esta musicalidad que interroga y señala. Ahora es la iglesia madre de todos los templos de nuestra geografía. El recinto venerable une patria y fe en síntesis creativa.

 

En esta catedral, el 14 de marzo de 1818, se selló el pacto de amor entre María del Carmen y Chile. Aquí llegó el pueblo en angustia porque la libertad estaba amenazada de muerte. Ya no confiaban en el poder de las armas. Estaban ciertos de tener vocación de independencia. Clamaron a Nuestra Señora del Carmen encargándole el futuro. A 22 días de la decisiva batalla de Maipú imploraron a la Santísima Virgen que ella fuese Madre de la Patria, Señora de la Libertad de Chile. En el documento de lo ocurrido en aquella jornada, dejaron constancia del voto solemne. Juraron levantar un santuario nacional en el lugar de la victoria. Dijeron: “Para que el lugar de tu misericordia, sea el lugar de tu gloria”.

 

El Santo Rosario es precisamente aquello. Recuerda a cada cristiano que el lugar y el tiempo de la cotidiana misericordia del Dios Trino, es el espacio de alabanza agradecida a su gloria infinita. Para recordarnos tan promisoria verdad, ha venido el Coro Femenino de Cámara de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Gracias por esta salina ola de belleza y comunión.

 

                                                                           P. Joaquín Alliende L.

    Königstein, julio del 2008