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Columna Vice Gran Canciller

La persona como camino de la Iglesia

En torno a la Doctrina Social de la Iglesia girará el que hacer de una nueva cátedra creada por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

 

“La Universidad tiene que dar elementos intelectuales de comprensión de las temáticas sociales y también del Evangelio sobre la vida social. Desde el momento que es una cátedra debe enseñar la proyección social del Evangelio de Jesucristo, lo que significa llegar a lo concreto y a lo diario de la vida de la sociedad”, planteó el Gran Canciller de la PUCV y Obispo de Valparaíso, monseñor Gonzalo Duarte García de Cortázar, sobre la Cátedra.

Si tomamos el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia podremos observar que en él se refleja la preocupación especial de la Iglesia hacia la persona humana. Es una urgencia siempre presente, y tiene su fundamento en las palabras y en las obras de Jesús, y luego en los Hechos de los Apóstoles. Las cinco Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano constituyen jalones importantes en el proceso de autoconciencia de la Iglesia en el despliegue de su misión. En ellas hay una relación de continuidad y de preocupación creciente por la persona humana. Este imperativo de renovación en continuidad se expresa en la conocida fórmula de Juan Pablo II el hombre es el camino de la Iglesia .

Conferencia de Río de Janeiro (1955): Se confiesa angustiada por los graves problemas y apela a la conciencia de los cristianos todos. Siente el deber de subrayar la urgente necesidad de que todos los católicos colaboren con empeño para buscar, a la luz de la doctrina de la Iglesia, una justa solución.

Conferencia de Medellín: La Iglesia buscó entonces comprender ese momento histórico del hombre latinoamericano a la luz de la Palabra, que es Cristo, en quien se manifiesta el misterio del hombre. Esta fe impulsa a la Iglesia a esforzarse por liberar a todos los seres humanos de las condiciones de vida infrahumanas, de toda injusticia, violencia y opresión.

Conferencia de Puebla: ( ) Toca el fondo del problema cuando dice: El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado . Para Puebla, la verdad sobre Jesucristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre se entrecruza formando una misma trenza: frente a otros tantos humanismos, frecuentemente cerrados en una visión del hombre estrictamente económica, biológica o síquica, la Iglesia tiene el derecho y el deber de proclamar la verdad sobre el hombre, que ella recibió de su Maestro Jesucristo. Para la Iglesia la dignidad humana es un valor evangélico que no puede ser despreciado sin grande ofensa al Creador.

Conferencia de Santo Domingo: Manifiesta también una clara preocupación por la persona humana. El Santo Padre sigue las orientaciones de la constitución pastoral Gaudium et Spes, pero desarrolla un poco más el argumento y lo aplica, ya no sólo a la vida social, sino que además al ámbito de la cultura: Cuando Jesucristo, en la encarnación, asume y expresa todo lo humano, excepto el pecado, entonces el Verbo de Dios entra en la cultura. Así, Jesucristo es la medida de todo lo humano y por tanto también de la cultura. El, que se encarnó en la cultura de su pueblo, trae para cada cultura histórica el don de la purificación y de la plenitud.

Todos los valores y expresiones culturales que puedan dirigirse a Cristo promueven lo auténtico humano. Lo que no pasa por Cristo no podrá quedar redimido .

Conferencia de Aparecida: Se constata que vivimos en un mundo pluralista y global que tiende a imponer la dictadura del relativismo, proponiendo modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y dignidad del hombre . Como la Iglesia ha venido manifestando su preocupación por el hombre concreto, el Papa Benedicto XVI manifiesta que la vida que se ofrece no es la que da un Dios abstracto sino el concreto de la historia, el Dios personal. De aquí la  importancia única e insustituible de Cristo para la humanidad. Si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable; no hay camino y, al no haber camino, no hay vida ni verdad.

Concluyo: de este modo se ha ido formando un corpus doctrinal renovado (Doctrina Social de la Iglesia), que se va articulando a medida que la Iglesia, en la plenitud de la Palabra revelada por Jesucristo y mediante la asistencia del Espíritu Santo ( ) lee los hechos según se desenvuelven en el curso de la historia. La Iglesia intenta guiar de este modo a los hombres para que ellos mismos den una respuesta, con la ayuda también de la razón y de las ciencias humanas, a su vocación de constructores responsables de la sociedad terrena.