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Cuaresma en el año de la Misericordia

En este año Jubilar, el Papa Francisco nos invita de manera especial a vivir Cuaresma desde la Misericordia, llevando a cabo obras de misericordia corporales y espirituales.

Para reflexionar sobre este año particular en la historia de nuestra fe y su relación con Cuaresma, compartimos con ustedes los textos Un año para vivir la Misericordia , un material desarrollado por el Área Eclesial de la Conferencia Episcopal de Chile que nos acompañará durante las 5 semanas de Cuaresma.

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Bajo el lema: Misericordiosos como el Padre (MV 13) se nos invita este año a vivir este rasgo central de la fe.

No es muy común esta palabra entre nosotros, sin embargo habita en el corazón de cada persona cuando miramos con ojos sinceros al hermano que se encuentra en el camino de la vida. Misericordia es la vía que une  Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados sin tener en cuenta el límite de nuestro pecado . (MV 3)

Situaciones de mucho dolor hemos vivido los chilenos. Algunas hasta el día de hoy nos dividen. La pobreza y marginalidad de muchos nos afectan. La dura realidad de los inmigrantes, cuestiona nuestra capacidad de ponermos en el lugar del otro. La situacion de la mujer maltratada tambien pone a prueba la paridad en la relaciones. Que decir de enfermedades incurables, sufrimientos de niños, terremotos y tsunamis.

Existen también sufrimientos espirituales: desorientación y falta de sentido. Hay carencias de ideales, desconcierto. Surge un vacío. Muchos llevan bien esto. Otros las viven con cierta desesperacion. A veces sentimos que desaparece la esperanza, que no hay a quien recurrir.

Dios es Padre misericordioso. El, es justo y es amor pero más allá de ello, es misericordia. Porque es justo y santo puede ser padre bondadoso, compasivo y capaz de empatía.

La Iglesia nos invita a vivir este rasgo de Dios para que se haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes sirviendo a las personas en todas sus condiciones, debilidades y necesidades.  (MV 4)

MV: Misericordiae Vultus. Mensaje del Papa Francisco

Misericordia, para muchos, es hoy una palabra difícil. Incluso es una actitud que es tenida como debilidad. Es más, nos impresionan quienes se salen con la suya y se autoafirman.

Hoy existe una demanda de misericordia, empatía y compasión. No se sienten extrañas las actitudes que las muestran.

Es tener el corazón (cors) con los pobres (miseri). Sentir afecto por ellos. Tener un corazón compasivo, va más allá del egoísmo y del egocentrismo. Ir más allá de sí mismo, es una fortaleza. Es ser libre, auto determinarse, autoanalizarse.

Se nos invita a comprender al otro, identificándome afectivamente con él. Identificarse con la situacion, con el mundo de los sentimientos, pensamientos y experiencias existenciales de otra persona, ponerme en su lugar, a fin de entender su manera de pensar y actuar. Esto hoy es considerado en general como condición indispensable de las relaciones personales exitosas y demostracion de verdadera humanidad.

Introducirse en el mundo de sentimientos, pensamientos y experiencias existenciales de otras culturas y otros pueblos es ademas, condicion fundamental del encuentro intercultural.

La invitación es a sentir en la compasión, la palabra pasión , que ella resuene para percibir la reacción apasionada ante los clamores de injusticias existentes. Tal fue la experiencia de los Profetas, Juan Bautista y el mismo Jesús.

Este modo de actuar de Dios hacia nosotros, nos lleva a encontrar sentido a la experiencia de injusticia y sufrimiento que experimentamos a nivel personal y social.

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Por medio de ÉL tenemos la certeza de que Dios es amor. Sus palabras, sus gestos y toda su persona así lo muestran y es fuente de alegría, serenidad y paz. En Él sentimos que hay remedios alentadores y mensajes de esperanza.

La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Es Su responsabilidad con nosotros, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos.

Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos llamados a ser misericordiosos los unos con los otros.

Esta es la viga maestra que sostiene la vid de la Iglesia. Toda nuestra acción debería estar revestida por la ternura. Es tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos.

El seguimiento de Cristo me obliga a proclamar la misericordia como amor compasivo de Dios. Como Iglesia tenemos la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona.

 

Notamos hoy la necesidad de misericordia, empatía y compasión. Nos hemos quedado añorando justicia, exigiendo derechos.

La Biblia no enseña que las injusticias no terminan y que la justicia perfecta no la alcanzaremos en este mundo. La misericordia es la forma de hacer justicia que tiene Dios. Dios es el clemente y misericordioso (Ex. 34,6; Sal. 86,15). Él es el Padre compasivo y Dios de todo consuelo (1 Cor.1,3).

Sin embargo, no se trata solo de un sentimiento divino, sino de una actitud que busca superar el mal. La misericordia, si bien toca temas sociales, nos habla del mismo Dios. Nos dice quién es Dios. La empatía y la compasión son el punto de partida puesto que el mal y el sufrimiento son una experiencia humana universal.

¿Cómo crecer hoy en este rasgo central del Dios y del creyente?.

  1. Colocarnos a la escucha de la Palabra. Recuperar el silencio para meditarla, especialmente en este tiempo de cuaresma
  2. Peregrinar. La vida es un camino. Somos caminantes hacia la meta definitiva. La misericordia es también una meta a alcanzar. Ir al templo, al santuario para crecer en no juzgar, en dar, en mirarse al interior, en capacidad de conversión.
  3. Ir a los que son marginados, a los que viven en precariedad y sufrimiento. Que nuestras manos estrechen las suyas. Por eso seremos juzgados.
  4. Vivir en conciencia la cuaresma como un tiempo para crecer en misericordia. La eucaristía, confesión, la lectura  de la Palabra, el Vía Crucis, es un camino pedagógico a recorrer.

La vida en una sociedad que todo hace desechable, rescata, sin embargo, las tradiciones que hemos recibido. Así, la Iglesia, mirando la práctica de Jesús y sobre todo lo relatado en Mt. 25, propone las  obras corporales y espirituales de misericordia que responden a la pregunta: ¿Que significa en concreto la misericordia?

Según esto se  detallan siete obras de misericordia corporales y siete espirituales.

Corporales

Espirituales

Dar de comer al hambriento

Enseñar al que no sabe

Dar de beber al sediento

Dar buen consejo l que lo necesita

Vestir al desnudo

Consolar al triste

Dar posada al peregrino

Corregir al que yerra

Visitar y cuidar a los enfermos

Perdonar las injurias

Redimir al cautivo

Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

Enterrar a los muertos

Rogar a Dios por los vivos y los difuntos

 

San Benito: No desesperar nunca de la misericordia divina

No se trata, de no transgredir preceptos divinos de modo explícito, lo que se invita es a hacer el bien. Lo que importa es obrar la mayor justicia posible ( Mt. 5,20) y no pecar por omisión.

La misericordia aquí es algo más que la justicia, se trata de prestar atención y ser sensibles a la necesidad concreta que nos sale al paso. Superar la autorreferencialidad, vencer la dureza del corazón.